Reportaje Juanjo Méndez (publicado por el Periódico de Catalunya) PDF Imprimir E-mail
Escrito por Nuria Arias Carles   
Martes, 17 de Febrero de 2009 20:19

Foto: Oscar Dacosta

 
Juanjo Méndez, discapacitado físico desde los 28 años. Viaja, cocina y juega con su hija. Su vida es el ciclismo. Lo que más impresiona cuando le conocemos es su discapacidad y la aptitud para superar las barreras impuestas: 44 veces campeón de España y una medalla de plata en las Paraolimpiadas de Atenas forman parte de sus logros deportivos. Méndez despliega una enérgica actividad profesional que le obliga a viajar por dentro y fuera de España y ahora se está preparando para las Paralimpiadas de Pekín.

 

Era la Barcelona de los 90, calurosa como cualquier Agosto y espléndida como nunca. Cerraba sus primeros Juegos Olímpicos con récord de participación y más de 22 medallas a cargo de los españoles.


Diez días antes, se despedía también la IX edición de las Paraolimpiadas presumiendo de un éxito sin precedentes: 3020 deportistas procedentes de más de 80 países.

Aquel verano, Antonio Rebollo encendía la llama olímpica con el fuego que había recorrido el mundo durante más de mes y medio. Mientras, Juanjo Méndez despertaba de una anestesia que le había dejado sin brazo ni pierna izquierda.


`` Ese día había ido con mi hermano Xavi a montar a caballo. Íbamos de camino a casa en moto, yo conducía, cuando de repente, me quedé en blanco. Me desperté en el hospital y lo primero que noté era que me faltaba un brazo y una pierna. Según cuentan, tuve suerte, porque me daban por muerto. Mi hermano me reconstruyó la historia, me desmayé y me fui directo contra un coche. Por fortuna, el peor parado fui yo, nunca me hubiera perdonado que a mi hermano o a los ocupantes del otro vehículo les hubiera pasado algo ´´.

 

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Así es como Juanjo cuenta lo que le ocurrió aquel día que le quedaría grabado en la retina.
Pasó tres meses y medio en el hospital, habla de espera, lágrimas e incertidumbre, y lo hace con tal tranquilidad que cuesta creer que la suya, es una historia propia.


“Una vez en casa, llegaba la etapa más dura de mi vida: enfrentarme a la silla de ruedas”. Ducharse, comer y vestirse. Lavarse los dientes o secarse la cara. Juanjo pasó a depender completamente de su mujer. Mientras tanto, ella toreaba una depresión de la que no logró escapar. “Tenía que ser fuerte y permanecer a su lado”. Y así lo hizo, y como ella, la tristeza se hizo hueco a la derecha de la silla de ruedas.


Con el tiempo y gracias al empeño de las personas que le eran –y le son- más próximas, Juanjo sacó fuerzas para salir adelante. Lo primero fue acostumbrarse a su nuevo cuerpo. Al año, con la ayuda de una pierna ortopédica, empezó a pasear. Luisa, su mujer, cuenta que andaban tanto que a veces quedaban exhaustos a mitad de camino. “Entonces nos sentábamos en la acera y esperábamos un taxi para que nos llevara de vuelta a casa”.

 

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Vital en esta fase de readaptación fue también Bernat Moreno, entrenador y amigo.. Él fue quien le animó a retomar la bicicleta, un deporte que Juanjo practicaba como amateur desde los 14 años. Cuando se subió por primera vez a la bicicleta le pareció imposible mantener el equilibrio. Al principio, “Bernat iba más rápido andando que yo en bicicleta”. Su primer objetivo se había convertido en dar una vuelta entera al velódromo sin ayuda.


Día tras día, con una dedicación constante y pensando que aquello que hacía le ayudaría a volver ser una persona lo más independiente posible logró dar su primera vuelta. Esa fue una pequeña victoria con sabor a superación. Juanjo ya sólo necesitaba que le ayudaran a arrancar y a parar. Más tarde, se animaría a salir a la carretera. Nadie se pregunta qué complicación tiene subir o bajar una acera porque, en realidad, no tiene ninguna. Lo hacemos de forma automática, sin pensar; se trata de un acto reflejo que se equipara al de respirar. Pero para Juanjo esto es distinto porque cualquier bordillo o stop le supone una complicación. Lo mejor para entenderlo es imaginarse a Juanjo cuando llega a un semáforo en rojo, es ese momento de duda, si se pondrá en verde o no, el que lo ha hecho caer más de una vez, cuenta sin quitarse la sonrisa de la cara, pero con un cierto tono de amargura ´´ un día iba en bicicleta con Raquel, la chica que sale a entrenar conmigo a la que que también le falta una pierna, llegamos a un semáforo que estaba en rojo, nos miramos dubitativos y cuando nos dimos cuenta estábamos en el suelo, lo que más me dolió fue que ninguna de las personas que estaban en los coches bajó para ayudarnos, con el tiempo conseguí bajarme de la bicicleta yo solo, pero tengo que ir muy despacio``

 

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Juanjo superó todas estas dificultades y acabó por salir por las mañanas hacer unos 70 Km en carretera y por las tardes a entrenar en el velódromo.
En esta etapa de ilusión nació Alba. Septiembre de 1995 le trajo un motivo más para seguir superándose
a sí mismo. De la mano derecha de papá, la pequeña Alba aprendió a andar en bicicleta, a montar a caballo… Y lo más importante, aprendió que una persona es capaz de lograr todo aquello que se propone.


Juanjo opina que ``una persona no puede ponerse más barreras a si mismo, siempre hay cosas que no se pueden hacer, pero nunca hay que dejar de intentarlo``.


En 1997, Juanjo se enfrentó a su primer campeonato, el español. De él obtuvo cuatro medallas de oro, una para cada una de las pruebas realizadas en la categoría LC4 -discapacidad locomotriz en cuarto grado- en la que Méndez compite desde entonces. Se llevó los cuatro oros en el 97 y hoy lleva ya 11 campeonatos seguidos repitiendo victoria.

 

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En el año 1998 llegó su primera competición a nivel mundial. Méndez viajó a Colorado para logar los cuatro cuartos. En el 2002, consiguió en Alemania sus primeras medallas en carretera -una plata en la prueba de contrareloj y otra en ruta- y cuatro años más tarde se llevaría en Suiza dos platas –persecución en pista y contrarejoj- y un bronce en la prueba de ruta.


Sus muchos logros le llevaron a las Paralimpiadas celebradas en Atenas en el año 2004. El evento, seguramente más emocionante de toda su carrera profesional, contó con un Juanjo lleno de fuerza, ganas y esperanza. Pero sus ilusiones se vieron truncadas por un fallo de la organización. Tras haber conseguido la plata en persecución, el cuarto puesto en la prueba del quilómetro y la victoria sobre el alemán Michael Teuber, en ruta en carretera, Juanjo se enfrentó a la que considera su mayor frustración deportiva. “Me informaron mal de la hora de salida y arranqué cuatro minutos tarde”. A pesar del retraso, Méndez consiguió el cuarto puesto, pero se escapaba para él la meradísima posibilidad de llevarse el oro olímpico.


“El deporte es una posibilidad que muchos discapacitados no barajan, tanto por falta de información como de medios”

 

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Paralelamente a las competiciones, Juanjo preside la asociación de ciclismo Génesis del velódromo de Horta, en Barcelona, dónde se encarga del mantenimiento de las bicicletas y de dar consejo a otros como él. Además, todos los lunes entrena a los niños que se acercan a Horta para practicar deporte.


“Al principio le costaba mucho llevar los dos pies en los pedales y odiaba el casco, pero cada vez le cuesta menos y coordina mejor y, a veces, aunque sólo dure unos segundos, tengo la sensación de que va a lograr continuar solo”. A la madre de Manel, Carmen, los médicos le dieron dos posibles explicaciones: una la genética y a la otra le llamaron Anoxia, una falta de oxígeno al nacer que provoca daños irreparables en el cerebro. Ninguna podía explicar nada cuando nació, pero hoy Manel es un niño alegre, al que le gusta jugar al escondite y andar en bicicleta. Tiene 6 años y parece vivir dentro de sí mismo. “Su comportamiento es ajeno a los demás, a veces crees que de repente va a pedirte que juegues con él, pero eso nunca ocurre”.
Juanjo vive de todos esos niños. De ellos, del deporte, de Luisa y de Alba.


Recibe una renta vitalicia como compensación del accidente. Además, cuenta con apoyos como la ADOP, una beca que concede el comité paralímpico Español, o el premio ARC, que otorga la Secretaría General de l’Esport de la Generalitat de Catalunya. Sin embargo, Méndez lamenta que las ayudas se limiten sólo a aquellos que han conseguido algún podio. “Las cosas para un discapacitado no son fáciles. Es cuando empiezas cuando necesitas que te den alguna palmadita en la espalda y todas las ayudas económicas. Cuando yo empecé la bicicleta me la tuvo que dejar un amigo. Lo único que me dió la federación fue un chándal que había sobrado de la selección de baloncesto. El deporte es una posibilidad que muchos discapacitados no barajan, tanto por falta de información como de medios”.

 

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Y allí me despido de él, entre reivindicaciones en un gimnasio de las afueras de Barcelona, con cuatro niños de fondo jugando a olvidar la mala suerte. Juanjo me aprieta la mano con fuerza y yo le deseo la mejor suerte para Pekín.


Ha conseguido la independencia que un día, hace ya 16 años, creyó haber perdido para siempre. Hoy se sube la cremallera del maillot, cocina para Alba y consigue medallas que le recuerdan que el deporte a cambiado su vida.


Todavía depende de algunos, pero hoy me sumo a aquellos que siempre dependerán de gente como él.

 

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Enlaces:

Juanjo Méndez (fotogalería)

Última actualización el Miércoles, 22 de Abril de 2009 10:41
 
Comentarios (1)
felicidades
1 Lunes, 25 de Mayo de 2009 03:49
pelu vidal
Hola Oscar.
Nunca nos hemos visto, pero participamos en un proyecto conjunto, que es agareso,,hoy he visto este reportaje alli publicado, me parece un muy buen trabajo,,,felicidades.

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