Cabo Verde sin fronteras Imprimir E-mail
Escrito por Jose Antonio Martínez Rivas   
Domingo, 01 de Marzo de 2009 01:32

Foto: Oscar Dacosta

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La cantante Lura anoche en  el Auditorio de Galicia. 

 

La música africana está de moda. Ya sea (re)descubriendo viejas glorias de la talla de Fela Kuti, Ali Farka Touré, Toumani Diabaté o Konono Nº1, o como influencia de la nueva hornada pop encuadrada en el afroindie, el continente negro consiguió por fin situarse en el lugar que siempre le correspondió en el mapamundi musical mundial.

Sin embargo esas referencias suelen ceñirse en la mayoría de los casos a artistas surgidos del África continental (Kenia, Costa de Marfil, República del Congo). ¿Y qué hay en el horizonte? Sencillamente, Cabo Verde. Un paraíso formado por pequeñas islas, cuna de otra gran figura musical, Cesaria Évora, la dama de los pies descalzos, y de donde es originaria Lura, aunque portuguesa de nacimiento. Precisamente esa mezcla de culturas forzada por el antiguo colonialismo y el traslado de su familia a Lisboa permite describir a la perfección la forma y el fondo del repertorio de la

cantante-compositora caboverdiana. Sobre el escenario del Auditorio de Galicia desplegó todos los ritmos característicos del archipiélago atlántico (mazurca, batuku, funaná) y todos los mensajes que intentan transmitir.

 

 

 

Fotos: Oscar Dacosta
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Sin perder en ningún momento la suavidad, la elegancia y la pasión de su voz, Lura ahondó en las raíces de su cultura (“Mari d’Ascenson”), trató temas relacionados con la emigración, eternamente presente en Cabo Verde (“Ponciana”), reivindicó fragmentos del cancionero tradicional de su país (“Oh Náia”) y no se olvidó de rescatar uno de sus mayores éxitos que le ayudó a labrarse un nombre fuera de los límites de la música luso-africana (“Vazulina”). 

 
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Acompañada de la complicidad total del público, Lura se paseó por terrenos tanto íntimos e introspectivos como festivos y animados. Ella misma lo reconoció antes de finalizar su actuación: sus canciones son mero reflejo de la vida, hoy puede ser un día alegre y mañana otro triste. Un buen ejemplo fue el bis que remató el concierto, abierto con el fado “Flor di nha esperanza” incluido en el documental “Fados” de Carlos Saura (2007) y finiquitado con una pieza totalmente opuesta que hizo que los allí presentes se levantasen de sus butacas para dejarse llevar hasta el largo aplauso final.

Como reza el título de la canción que cierra su último disco publicado (“M’bem di fora”, 2006), el hechizo de la funaná hace que todo se vea desde la perspectiva del optimismo, el amor, el erotismo, las ganas de vivir… Ésa es la huella que dejó tras de sí Lura. Cabo Verde abandonó sus límites para quedarse entre nosotros.

 

 

Última actualización el Domingo, 12 de Julio de 2009 22:16
 

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