A FLOR DE PIEL Imprimir E-mail
Escrito por Jose Antonio Martínez Ribas   
Domingo, 29 de Marzo de 2009 23:44

Foto: Oscar Dacosta

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Keren Ann, cantante y compositora de origen cosmopolita (madre procedente de Holanda y de la isla de Java, padre ruso-israelí), cuyas canciones hablan de temas universales: amor, nostalgia, pérdida, desorientación vital... Su voz, cálida, suave, aterciopelada, llena de contrastes. Sus idiomas, inglés y francés. Los instrumentos, guitarra (acústica y eléctrica), armónica, piano (mecido por las manos del hebreo Shlomi Shaban) y viento (trompeta y flauta manejadas a la perfección por su compatriota Avishai Cohen). No necesitó nada más para desplegar su belleza vocal y musical y construir ambientes brumosos, brillantes, oscuros, oníricos…

 

El arranque con “The harder ships of the world” (de su álbum más reciente, “Keren Ann”, del 2007) fue el punto cardinal hacia el que la brújula se dirigió constantemente a lo largo del concierto. No iba a ser un viaje de única dirección hacia el mundo interior de Keren Ann, sino que cada uno debíamos aprovechar el camino para rebuscar en nuestro particular baúl de sentimientos y sacar sólo lo mejor. Aunque era posible que surgieran atisbos de confusión, como bien nos alertó con “Not going anywhere” (del disco de mismo nombre, del 2003): “La marea crecerá y caerá sobre la bahía; la gente va y viene, se aleja; y yo no voy a ninguna parte”.

 

Foto: Oscar Dacosta

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El trayecto discurría con parsimonia, deteniéndose en escenas de puesta de sol, noches claras y estrelladas, parejas de enamorados sintiendo el roce de sus manos. La dupla “Lay your head down” e “In your back” (ambas pertenecientes a “Keren Ann”) fue un auténtico soplo en el corazón, frenado en seco por la melancolía arrebatadora de “By the catedral” (de “Not going anywhere”), una historia muy apropiada para un lugar como precisamente Santiago de Compostela: “He visto la lluvia junto a la catedral, bajo el arco; era abril, vestías un abrigo; fui incapaz, no fui capaz de…”

Para aquéllos que veían que el sendero se estaba torciendo demasiado también hubo momentos para el respiro. Ahí fue cuando Keren Ann mostró su lado más crudo, pleno de convicción y autoafirmación (en forma de blues, “It ain’t no crime”) y más siniestro, si es que se puede denominar así (“Sailor & widow”).

Justo en el instante de llegar a la parada final, algunos sabían que pronto dirían aquello que se tenían callado a su ser más querido, o que dejarían de mentirle, o que simplemente le confesarían lo bien que se encuentran a su lado. Al fin y al cabo, Keren Ann nos hizo sentir un poco mejores de lo que éramos antes de escucharla. 

 

 

 

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