| ENTRADA AL INFIERNO |
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| Escrito por Jose Antonio Martínez Ribas |
| Sábado, 18 de Abril de 2009 10:29 |
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Foto: Oscar Dacosta
Los suecos Millencolin en el concierto en la Sala Capitol.
Eso parecía el escenario de la Sala Capitol. Una gran M de telón de fondo, ingentes cantidades de humo y una oscuridad total rota por unas luces intermitentes que se movían al ritmo de un sonido palpitante. Las señales presagiaban que cualquier cosa podía ocurrir. Y los asistentes lo intuían: no cabía un alfiler, a pesar de la colección de piercings que desfilaba por la pista, en una olla a presión en la que era difícil tomar posiciones. Nadie pedía mensajes ni reflexión, sólo entregarse al punk-pop-rock de los suecos ya convertidos en leyenda, Millencolin. Con más de quince años de carrera a sus espaldas, Nikola Sarcevic (cantante y bajista), Erik Ohlsson y Mathias Färm (guitarristas) y Fredrik Larzon (batería) tenían de antemano ganada la confianza de un público mayoritariamente joven, al que sólo le importaba que los riffs de guitarra atravesasen afilados su cabeza y la batería acelerada no dejase de marcar el ritmo.
![]() Los cuatro de Örebro tenían material de sobra para lograrlo, tanto de su época inicial en los noventa como de sus más recientes álbumes (Pennybridge pioneers, 2000; Home from home, 2002; Kingwood, 2005; y Machine 15, 2008). Incluso más de un fan se preguntaba si era posible que alguien tuviera todos los discos de la banda, lo que demuestra que este estilo no se basa tanto en los larga duración como en las canciones, rápidas, inmediatas, urgentes. De ahí que surgiesen los tópicos de estas ocasiones: entre el público, brazos levantados con el índice señalando el cielo, cuellos casi dislocados, canciones interpretadas a coro e intentos de traspasar la barrera de seguridad; entre la banda, arengas, gestos de complicidad y guitarras tocadas en las más variadas posturas.
Los chicos de Boston Far From Finished, teloneros anoche de Millencolin.
Tal ejercicio de derroche físico exigía un buen calentamiento previo. Y de eso se habían encargado los estadounidenses Far From Finished, con su carismático cantante Steve Neary al frente, dejando claro que Boston, y no sólo California o Reino Unido, también tiene algo que decir dentro de la escena punk mundial.
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