| Adiós a la buena racha en San Lázaro |
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| Escrito por Jose Antonio Martínez Rivas |
| Domingo, 08 de Marzo de 2009 22:31 |
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Foto: Oscar Dacosta
Desde el pasado mes de noviembre no perdía el Ciudad de Santiago en su estadio (en aquella ocasión 1-2 ante la Ponferradina). Esa solidez como local sirvió para que el equipo se moviera sin agobios durante las últimas jornadas en la mitad de la clasificación, incluso pensando no sin cierto reparo en las posiciones que dan acceso a las eliminatorias de ascenso. Pero llegó el Zamora y la racha se rompió. Ya avisaba durante la semana el entrenador compostelano, Luisito, de que el club castellano-leonés sería capaz de ganar sin practicar un buen juego. Y así fue. A pesar del ímpetu inicial del Ciudad, que salió de inicio con toda la artillería (Maikel, Changui y Marcos Suárez), el equipo zamorano estaba perfectamente plantado sobre el campo, sabedor de que una victoria lo auparía a la tercera plaza de la general.
Fotos: Oscar Dacosta El nerviosismo de Luisito quedó patente cuando se vio obligado a recomponer el esquema tras la lesión del lateral Jesús Sánchez y la entrada de Pablo López. A partir de ahí la táctica se impuso sin que eso impidiera la llegada de los dos equipos a ambas áreas, sobre todo a la del Ciudad, que veía como el Zamora corría constantemente la banda derecha para colgar balones a sus rematadores. En ese momento los mejores del cuadro santiagués eran el centrocampista Julen, al cual no le quedaba más remedio que bregar entre la maraña de piernas de los rivales, y Mackay, cuya parada a la salida de un córner ayudó a que su equipo mantuviera el 0-0 hasta el descanso. Al contrario de lo que dice el refrán, después de la calma vino la tempestad. En el minuto 2 de la reanudación llegó el primer gol de los visitantes, obra del central Gonzalo, después de un lanzamiento lateral a balón parado y una serie de rechaces en el área pequeña. Y casi a renglón seguido, en el 8, el segundo. El Ciudad cometió uno de los pecados capitales del fútbol: no bajar la guardia en una falta a favor, tras la cual Koeman culminó un contraataque de libro. 0-2 y el panorama que se ponía muy complicado incluso para empatar. Ni siquiera los cambios efectuados por Luisito surtían efecto, sobre todo por la estrategia del Zamora, encerrado atrás y esperando a la contra. A ello se sumaba la labor del árbitro, muy protestada a lo largo de los 90 minutos, que tampoco favorecía la remontada.
Las oportunidades para los blanquiverdes llegaban con cuentagotas y sin demasiado peligro, excepto un tiro suave de Maikel que golpeó el palo. El asedio continuó hasta el minuto 90 aunque se hacía imposible franquear la barrera defensiva de cinco atrás colocada por Tomé, el entrenador visitante. Se veía que era más fácil que cayera el tercero que el primero. Koeman de nuevo en el minuto 83 lo tuvo en sus botas antes de ser sustituido y dejar patente que había sido uno de los más destacados de su equipo. Luisito ya no podía más. Con los tres cambios realizados sólo esperaba un milagro en la prolongación, algo que casi sucede si no le hubieran anulado un gol (bien visto por el juez de línea) a su conjunto. Al final quedó la sensación en San Lázaro de que si no se hubieran marrado tantas ocasiones de gol otro gallo hubiera cantado. El Ciudad seguirá viendo la clasificación con relativa tranquilidad, mientras que el Zamora empezará a pensar en serio que es uno de los candidatos para luchar por una plaza en la categoría de plata.
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| Última actualización el Domingo, 12 de Julio de 2009 22:13 |